Tan pequeña y tan grande a la vez.
Con su escasa superficie de 110.860 Km2., la isla caribeña, ofrece múltiples opciones. Desde su geografía a su historia. Desde la calidez de su gente a su intrincada política de gobierno.
Todo es un misterio para cualquier turista, por más experiencias que haya tenido. Porque no es necesario ser o no partidario de su régimen político, para ver con mirada de sorpresa lo que no nos es común. Lo diferente.
Y ahora, comencemos el viaje.
En minutos aterrizaremos en el aeropuerto José Martí, ciudad de La Habana.
El cielo parece anunciar tormentas, y es probable que esté lloviendo allí.
Es enero en todo el mundo, pero por su ubicación geográfica, Cuba está en invierno.
El comandante anuncia el aterrizaje, colocarse cinturones y demás. Y efectivamente llueve, pero he te aquí la sorpresa: los bordes de la pista están sembrados. Nos reciben sus cultivos desde antes de bajar. Ver verdes de plantas de maíz y hortalizas a orillas de una pista de aterrizaje no es cosa frecuente. Ante esto, un escritor como Gabriel García Márquez haría literatura desde el “realismo maravilloso”, o Alejo Carpentier desde el “realismo mágico”. O bien un realista diría:”…Aprovechan la tierra…”, “¿Es un recurso para sorprender?, “¿No será peligroso?”…
Pero: llegamos, pasamos por la valla de entrada y luego:
El tiempo parece retroceder, los taxis son coches muy antiguos sin lujos. Un señor moreno con camisa blanca nos invita amablemente a llevarnos a destino. Hay muchos parecidos, pero decidimos seguir camino con él.
¿Destino? Primero, conocer La Habana.
Eso lleva mucho tiempo, pero puedo llevarlos a verla, dice él con una tonada extraña y cambiando las “r” intermedias por “l”.
¡Allí vamos!
Cuidado: no quitemos la vista del camino. Hay cosas también que sorprenden simplemente desde las costumbres, el modo de hacer política (criticable, tal vez, o valioso quizás) además del paisaje que les sobra.
Mientras vamos por la carretera, hay carteles enormes, pero no tienen mensajes de las publicidades que esperamos ver: “Hotel… el mejor del Caribe”, o “Conozca el Cayo… y estará en el paraíso”. Es que este parece un mundo al revés, ya que los carteles mencionan frases propios de la revolución o de la importancia de la salud, la educación… “Vale más la vida de un ser humano que todo el patrimonio del ser más rico…” ¡Más extraño, imposible!
Seguimos el mini tour y podemos saber que, en la Habana Vieja, como la llaman y además declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco, es posible ver más de lo pensado. Desde las ferias de artesanías, paseos en las plazas con puestos de libros (que son como regalos a las inquietudes y preciosos en su valor histórico), el Malecón: con su romántica salida al mar, la reconocida Bodeguita del Medio, así como el Museo de la Revolución entre tantos edificios que conforman su historia de país.
Mientras las calles empedradas se ponen difíciles de caminar y los edificios (que aparentan caerse por sus años) continuamos viendo y sintiendo el sonido de una ciudad que merece ser conocida. Más allá de la idea de ciudad que tengamos en mente.
¿Acaso imaginas una ciudad con gente alegre? Es que resulta un tema más que extraño el pensar en una ciudad que no sea la urbe común. Con edificaciones millonarias, muchas luces, poco trato y espectáculos montados.
Por eso decidimos caminarla. Saludamos a nuestro amable conductor y continuamos a conocerla, del único modo que se puede hacer… Visitándola, conquistándola y dejando ser conquistado por ella.
Y, como se merece: con respeto, dando fe de la capacidad de ser el buen turista que puede disfrutar con todos los sentidos.
¿Continuamos por otros caminos? Sierras, mares, cayos. Lo infinito que nos ofrece Cuba.
Aún estamos en viaje.
(Próximos destinos: Varaderos, Playa Girón, Cayos de la Isla).
Claudia. Destinosturisticos.net
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