La Isla de Pascua y sus vigilantes silenciosos.

Posted on marzo 19, 2010 | Category: América

Hay ciertos lugares del mundo que si bien están preparados para recibir aluviones de visitantes no son aptos para todo tipo de turismo. Ciertos paisajes perdidos en algún alejado rincón de la Tierra pueden no resultar atractivos para aquellos que buscan diversión nocturna; los importantes museos de ciertas capitales europeas tampoco serán del agrado de los fanáticos del turismo aventura, y así podríamos seguir, porque por surte en este vasto planeta existen espacios y actividades para todos los gustos.

La Isla de Pascua es uno de esos destinos turísticos especiales, ideal para aquella clase de visitante que al pisar sus tierras se erige en investigador, en antropólogo, en explorador, y absorbe por completo la historia y la cultura de este paraíso perdido en medio del océano Pacífico.

Su nombre más popular, en inglés se traduce como Easter Island, le fue dado por un navegante holandés en 1722. Este hombre, llamado Jakob Roggeveen, se invistió  a sí mismo como descubridor el día de Pascua de Resurrección, y de aquí este nombre que poco tiene que ver con los orígenes del lugar. De hecho, este territorio insular ya se conocía como Rapa Nui, que significa “isla grande”, y fue llamada así por otros navegantes, pero esta vez provenientes de Tahití. Luego estas dos palabras unidas pasarían a designar no solo al idioma hablado en la isla, sino también a la etnia original que la habitó desde, aproximadamente, el siglo IV, y que en su lengua la nombró “Te pito o te henua”, que significa “el ombligo del mundo”.

Los rapanui serían de origen polinesio y se trataría de una cultura muy avanzada y estratificada que vivió aislada durante varios siglos. Vivían en tribus, distribuidos por los 163 kilómetros cuadrados de esta isla de origen volcánico. El crecimiento de la población, la escasez de alimentos y las luchas internas habrían diezmado la población. La llegada de la “civilización”, en forma de barcos y navegantes, habría contribuido a seguir eliminando a los portadores de la sabiduría ancestral. Reyes y sacerdotes fueron capturados por barcos de esclavos y muchas personas en la isla murieron a causa de epidemias padecidas por extranjeros.

En 1887 un extraño arreglo entre los jefes de la tribu y el gobierno chileno anexó la isla al territorio de Chile. Desde esa época Rapa Nui forma parte de la V Región de Valparaíso, aunque hace pocos años fue denominada como un “territorio especial”, adquiriendo todos los beneficios que eso conlleva.

Hoy en día la famosa Isla de Pascua es uno de los destinos turísticos más visitados de Chile. Para llegar hasta allí solo hay un medio: aviones de la empresa Lan, que arriban al aeropuerto ubicado en uno de los vértices de esta isla que se encuentra a unos 3500 kilómetros de la costa continental.

Los visitantes que llegan hasta aquí saben a lo que se enfrentan y ya desde que el avión aterriza pueden ver esos símbolos que se convirtieron en el rostro de la isla: los famosos “moáis”, gigantes de piedra que, silenciosos, guardan los misterios de una civilización, de una cultura milenaria que aún en la actualidad lucha por permanecer, por no olvidar.

En la Isla de Pascua no existen los hoteles categorizados con estrellas, pero lo importante es que en cualquier lugar que pasemos la noche podemos estar seguros de que recibiremos una excelente atención, tanto en español como en rapanui, el idioma originario que, al igual que otros grupos de lenguas polinesios, posee más vocales que consonantes y solo 13 letras. Si bien en los últimos años este hermoso lugar, Patrimonio de la Humanidad nombrado por la Unesco en 1995, ha mejorado su infraestructura y hoy cuenta con varios restaurantes y discos para la atención del turismo, lo importante es que se ha respetado el entorno natural y cultural, porque después de todo el turismo es la principal industria de la que viven sus casi 4000 habitantes.

Introducirse en la mitología del lugar, con sus costumbres y ritos, no es nada difícil; grupos arqueológicos han logrado restaurar importantes espacios en los que se puede tener idea de cómo vivían los antiguos habitantes. En Hanga Roa, la capital de Rapa Nui, y el poblado donde habitan la mayoría de los lugareños, a los que también se conoce con el gentilicio de “pascuenses”, se localiza el Complejo Tajai-Ko Te Riku, un espacio ideal para conocer lo que sería un antiguo asentamiento rapanui.

Pero si no queremos montajes ficticios que reproduzcan artificialmente el pasado, mejor una cabalgata a Rano Raraku. Este enorme espacio al aire libre era una especie de fábrica de moáis en donde se pueden apreciar estas enormes estatuas inacabadas, a medio tallar en roca volcánica. Se sabe que muchas fueron destruidas por los mismos habitantes, pero es difícil conocer las razones precisas de este hecho. Los máois representaban a los ancestros y estaban colocados sobre los ahú (altares ceremoniales). A lo largo y ancho de esta hermosa isla se encuentran restaurados varios ahú con sus correspondientes estatuas que siempre miran hacia el interior del territorio, salvo por siete gigantes que desde las costas escarpadas observan el mar, y se cree que representarían a los primeros exploradores en llegar a la isla.

Construidos entre los siglos X y XVIII, los móais son indiscutiblemente el mayor atractivo que posee el lugar. Se cree que existen unos 800 ejemplares distribuidos en el territorio, hasta donde llegan los visitantes para sonsacarles ese misterioso secreto que parecen intentar guardar. Para conocer más sobre sus orígenes y su propósito, se recomienda una vista al Museo Antropológico “Padre Sebastián Englert”, que hace un repaso por los datos factuales de esta cultura y en donde se expone el único moái femenino que se ha logrado encontrar.

Pero además de empaparnos de esta interesante civilización, podemos realizar otras actividades en Rapa Nui. Sí, degustar las exquisitas y típicas empanadas de atún, cabalgar o caminar por las laderas, visitar los cráteres de volcanes inactivos y apreciar la fauna marina en alguna de las rocosas playas de arenas blanquecinas y agua templada.

Surf, buceo, snorquel y, sobre todo, pesca son las actividades preferidas por quienes vacacionan en este paradisiaco lugar, además del paseo a través de este museo al aire libre en el que se combina la más pura naturaleza con los vestigios de una sociedad que tiene mucho para contarnos. Sí, así es la Isla de Pascua, un encantador paraje perdido en el mundo.

Flor.  Destinosturisticos.net

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