Taj Majal, el monumento al amor.

Posted on marzo 18, 2010 | Category: Asia

La India es uno de esos destinos turísticos que los occidentales consideramos exóticos. Una rica cultura, costumbres diferentes, maravillosos monumentos y una exquisita cocina para los paladares más exigentes. Dioses extraños, ropas coloridas, música alegre y el famoso curry son los elementos principales que aparecen en nuestra mente al nombrar el país asiático. Y así como Francia tiene a su Torre Eiffel y Estados Unidos a su famosa Estatua de la Libertad, la República de la India no podía ser menos: la cúpula del maravilloso Taj Mahal se reproduce en remeras, postales y hasta en pequeños suvenires.

A solo 200 kilómetros de Nueva Delhi, la capital del país, se encuentra la ciudad de Agra, uno de los principales centros turísticos del territorio. Miles de visitantes llegan hasta este lugar solo por conocer el renombrado Taj Mahal, que en 1983 fue nombrado Patrimonio Cultural de la Humanidad por la Unesco. Si bien Agra, que fue capital del Imperio Mogol durante más de cien años, entre los siglos XVI y XVII, es una hermosa ciudad con interesantes atractivos, como el Fuerte Rojo o los Jardines de Ram Bagh, no hay ninguna duda de que el Taj roba toda la atención.

“Poema de amor en piedra” llaman los indios a esta construcción que ha sido nombrada como una de las Siete Maravillas del Mundo Moderno. Es que además de haberse convertido en un ícono de la India, es indiscutiblemente un símbolo del amor eterno. El amor de un hombre a una mujer inmortalizado para siempre en un complejo de edificios que deja boquiabierto a más de uno.

Aunque parece un palacio, el Taj Mahal no es ni más ni menos que un mausoleo, la tumba de Arjumand Bano Begum, una de las esposas del emperador mogol Shah Jahan, el amor de su vida. Este sultán musulmán conoció a esta mujer durante su adolescencia, cuando aún era príncipe; si bien se enamoró perdidamente de ella, su familia lo obligó a contraer matrimonio con una mujer de su misma clase. Sin embargo, cinco años más tarde, Jahan tomó por esposa también a Arjumand, que pasó a ser conocida como Mumtaz Mahal, que significa “la elegida del palacio”.

La emperatriz murió al dar a luz a su decimocuarto hijo y, en su lecho de muerte, Jahan le prometió construirle una tumba que simbolizara su amor. El emperador no volvió a ser el mismo y desde ese momento, el año 1631, se dedicó a la construcción del que él aseguraba sería el mausoleo más magnifico que existiera. Solo con ver una foto de este lugar, podríamos decir que este hombre cumplió su cometido.

Doce años duró la construcción de la base y de la cúpula. Diez años más se tardó en completar el complejo. Se habla de más de 20000 hombres trabajando día y noche para levantar este gigante de piedra. El sultán no reparó en gastos para construir este exponente arquitectónico que mezcla estilos persas, islámicos e indios. Mármol blanco, plata, joyas preciosas y semipreciosas, traídas de diversas partes del mundo, engalanaron el edificio.

Todo es geométrico en este complejo; la simetría es una característica importantísima en la arquitectura islámica, al igual que los jardines que representan al Paraíso. Frondosa era la vegetación que los adornaba en la época de la construcción. Durante el siglo XIX y principios del siglo XX, el poderío británico decidió darle un estilo más inglés a los parques, además de restaurar los edificios que habían sido dañados durante épocas anteriores. Fuentes, arreglos florales y canteros se extienden por los terrenos adyacentes.

Un magnifico portal nos da la bienvenida al monumento. Al ingresar es imposible no percibir el aura etérea que rodea la construcción. “Parece que flota”, se escucha y se repite en la boca de los numerosos turistas que se llegaron hasta Agra para visitarlo. Lo interesante del Taj Mahal es ver sus diferentes rostros. La luz del sol durante la mañana nos presenta otra cara, muy diferente a la del atardecer. Su color cambia también con el paso de las estaciones. Pero realmente lo imperdible es verlo bajo la luz de la luna, durante las noches en que está permitido visitarlo.

Cuatro canales llegan hasta una fuente central; el reflejo de este gigante en las aguas colabora a crear ese equilibrio tan buscado por los varios autores de este proyecto y por el mismísimo emperador que fue quien ideó su apariencia. El río Yamuna marca uno de los límites y se suma como una parte más del trazado. Tres muros almenados se extienden alrededor del complejo cumpliendo similar función.

A ambos lados del mausoleo se levantan dos construcciones iguales. Una de ellas es una mezquita; debido a la presencia de ésta, los viernes el lugar permanece solo abierto a los fieles musulmanes. Del otro lado, para mantener la simetría, un edificio que puede haber servido como alojamiento, aunque aún en la actualidad se duda de su función.

Todas las construcciones están decoradas con elementos geométricos, arreglos florales y frases del Corán, escritas en una impecable caligrafía. Cuatro minaretes flanquean el pedestal sobre el que se levanta la construcción principal, a una considerable altura. La cúpula acebollada de 25 metros de altura, rematada por una aguja, es imponente. Cuatro es el número sagrado en el Islam y cuatro son las pequeñas cúpulas o chittres que reproducen la forma de la central. Éstas permiten el ingreso de luz en el edificio.

Una sala octogonal en la que se reproduce la decoración exterior de manera fastuosa alberga los cenotafios de los esposos; el de Shah Jahan se ubicó luego de su muerte, junto al de su amada, rompiendo por única vez la simetría del conjunto. Estos monumentos funerarios por supuesto están vacios. Las tumbas verdaderas se localizan en una cámara inferior. Los rostros de los amantes, uno muy cerca del otro, se encuentran inclinados hacia la derecha, como si observaran hacia La Meca, el principal centro de peregrinaje de los fieles islámicos.

Jahan cumplió su promesa y erigió este fabuloso monumento para su esposa. Así pasó los últimos años de su  gobierno, sumergido en la construcción del mausoleo, descuidando su salud y su poderío. Cuando enfermó, sus hijos pelearon por su trono, hasta que él mismo claudicó y uno de ellos, el vencedor, se hizo con el imperio y condenó a su propio padre a la cárcel. Desde el Fuerte Rojo, Shah Jahan terminó su vida en el encierro, desde donde se contentaba todos los días con ver a través de la ventana su obra terminada, el símbolo de amor eterno por quien fue la mujer de su vida.

Flor.  Destinosturisticos.net

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