Tokio y su atractiva y variada oferta.

Posted on marzo 19, 2010 | Category: Asia

Si hay algo que muchos occidentales solemos manifestar es la atracción por otras formas de vida. No, no hablo de seres extraterrestres u ovnis, me refiero a culturas distintas, a otras costumbres alejadas de las que ya solemos conocer demasiado en nuestra tierra porque, después de todo, son las nuestras. Y para tener un acercamiento a esto no hace falta salir al espacio exterior, basta solo con observar hacia Oriente. Aunque no parezca, ir a un restaurante étnico no nos hace conocer una cultura en su totalidad, pero sí nos acerca. Viajar, en cambio, mezclarse con los habitantes de un territorio lejano y misterioso, nos puede dar una idea acabada de los secretos de otro mundo muy diferente al nuestro.

Japón, precisamente, nos ofrece un vasto territorio para investigar; diferentes paisajes se extienden en las cuatro islas que conforman este país asiático. Muchos atractivos para visitar, varios poblados por conocer, en donde parece que el tiempo jamás ha transcurrido. Pero lo interesante de este país, cuyas costas son bañadas por el Mar de Japón y por el Océano Pacífico, es el equilibrio que se da entre el pasado y la modernidad de la que se hace gala en las principales ciudades. Milenarios ritos, bellos templos, antiguas ceremonias y costumbres conviven de manera armoniosa con altos edificios espejados, enormes carteles de neón y los últimos avances tecnológicos que colocan a Japón en la cúspide del mundo. Tokio, la capital del país, es quizás el mejor ejemplo de este atractivo panorama.

Es imposible comparar a Tokio con Tierra Santa o con La Meca, pero la realidad es que sirve la analogía, porque esta megapolis se ha convertido en centro de peregrinaje para los entusiastas de la cultura japonesa alrededor del mundo; adolescentes y jóvenes fanáticos del manga y del anime que enloquecen por las extrañas costumbres de los habitantes y que mueren por caminar por las atestadas calles o por conseguir algún refresco o un café en alguna de las millones de máquinas expendedoras que abundan por la ciudad.

Y mientras que muchos jóvenes japoneses consiguen ropa y productos para “occidentalizarse”, por ejemplo, intentar agrandar sus ojos, aquellos que llegan hasta Japón con ansias de conocer algo diferente intentan un acercamiento a un idioma que les resulta inentendible, prueban todos los platos que en sus casas jamás comerían, y buscan desesperadamente productos de sus historietas y dibujos animados preferidos. Es que en Japón, la industria del manga y del anime mueve millones y crea legiones de fanáticos que incluso visten como sus personajes preferidos.

Por supuesto aquí hay un espacio especial para los “otakus”, término que define en el resto del mundo a estos entusiastas de la cultura oriental. Sin embargo, esta palabra japonesa, que significa precisamente “fanático”, se utiliza de forma peyorativa para definir a la gente que en general es un apasionado por algo, pero de una manera algo enfermiza.

Caminar por las concurridas calles de Tokio y ver chicos disfrazados es moneda corriente, en especial si estamos en el barrio Harajuku, donde los freaks parecen salir de las alcantarillas; es que ésta es la zona donde la moda explota. Pero muy cerca de allí, la cultura urbana y moderna cede espacio a la tradición: el famoso Santuario Meiji, ubicado en un precioso parque, es un excelente ejemplo de la arquitectura japonesa.

Para continuar el viaje al pasado habría que movilizarse hacia la zona de Asakusa, con sus pequeñas calles, sus antiguas construcciones y los maravillosos templos. Cerca de estos, algunos días del mes, se extienden los famosos “nomi-no-ichi”, conocidos mercaditos que venden desde carísimas antigüedades hasta baratas chucherías, además de muchos objetos usados. Debemos recordar que si bien en Japón la propina no se estila, el regateo es muy apreciado. En los alrededores, la venta de artículos tradicionales, como los famosos kimonos, es muy común. Lo mismo sucede con los restaurantes apegados a la cocina japonesa, en donde es posible degustar exquisiteces típicas del país, como el magnífico sushi.

En la “ciudad baja” se levanta el reconocido Palacio Imperial, que lamentablemente no siempre está abierto a los visitantes. En el Jardín Este se encuentran las ruinas de lo que fue el antiguo Castillo de Edo, nombre que recibió la ciudad en sus orígenes. No se puede esperar encontrar edificaciones demasiado antiguas en Tokio, ya que quedó en ruinas varias veces, debido a varios terremotos, incendios, y también a los bombardeos que se sucedieron durante la Segunda Guerra Mundial, por lo que la ciudad fue reconstruida casi completamente para convertirse en este enorme centro financiero y tecnológico, pionero en el mundo.

Lo interesante de Tokio para los turistas es lo fácil que es movilizarse por la ciudad. Las líneas de trenes y metros nos llevarán a todas partes de manera sencilla y cómoda, siempre y cuando logremos entender las máquinas expendedoras de boletos, o encontrar carteles en los que los nombres de las estaciones no estén escritos con simbolitos. El idioma es todo un tema para los occidentales que llegan a Japón. En este país no todas las personas hablan inglés, y en muchas tiendas es difícil comunicarnos, aunque en los grandes almacenes se puede localizar algún empleado bilingüe que nos facilite la vida, porque ¿cómo pasar por Tokio y no sucumbir al mero acto de comprar?

Las compras son una parte importante de la vida de los japoneses y es por eso que veremos enormes tiendas con las últimas modas en todas partes de la ciudad. El barrio Shibuya, con sus modernos cines, teatros y salas de juego, se convierte en un distrito muy animado para dar una vuelta y ver qué es lo último de lo último. La gente joven domina en la zona y marca tendencia.

Para los fanáticos de la electrónica, una visita al mundialmente conocido barrio de Akihabara será obligatoria. Dejar la estación de trenes ya es sumergirse en una calle repleta de tecnología; los últimos adelantos se repiten en los escaparates de las enormes tiendas que son el paraíso para los geeks. Y aunque en esta zona es común encontrar negocios que venden productos libres de impuestos para los turistas, lo mejor es alejarse de la calle principal y buscar mejores precios en las callejuelas laterales.

El mundo del manga y el anime tiene un espacio privilegiado en esta zona, hasta donde llegan los grupos de fanáticos que los fines de semanas, cuando las calles se vuelven peatonales debido a la afluencia de visitantes, se convierten en los más observados con sus peculiares atuendos. Tiendas que venden todo tipo de productos relacionados a estos mundos, karaokes especializados en música de animé, convenciones, presentaciones y conferencias de mangakas o de actores que les prestan sus voces a los personajes preferidos de las series de moda suelen tener su lugar en Akihabara.

Sí, Akihabara es imperdible, así como la zona de Roppongi se vuelve lugar obligado durante la noche. Restaurantes internacionales, cafés tradicionales, discos y toda la movida nocturna que se quiera buscar, aquí se encuentra, porque Tokio tiene algo para ofrecer a cada visitante, ya sea de día o de noche, ya sea en la magnificencia del pasado o en la requerida modernidad del presente.

Flor.   Destinosturisticos.net

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