Posted on abril 13, 2010 | Category: América
La “colonización”, como se suele llamar a la invasión de naciones extranjeras en tierras que ellos consideraban “nuevas”, ha logrado diferentes resultados según el punto de vista, claro está. Acciones aberrantes que tiñen de sangre la historia de los antiguos pobladores de estas tierras descubiertas y, por otro lado, algunas maravillas que recién se han podido apreciar con el paso del tiempo. Por eso a lo largo del continente americano nos podemos topar con una gran variedad de idiomas y dialectos, pero lo más interesante sucede cuando encontramos que en el territorio de un único país conviven dos antiguas lenguas, dos antiguas culturas que parecen no querer ceder ni un centímetro de su hegemonía.
Este es un fenómeno que ocurre con toda claridad en Canadá, el segundo país más grande el mundo. Esta nación de América del Norte, aunque posee una sola capital, posee dos lenguas oficiales: el inglés y el francés. Es que los franceses se establecieron en estas tierras hace muchísimos siglos y fundaron varios centros poblacionales, siendo Québec el más importante. Si bien la Nueva Francia debió ser abandonada por los galos luego de que los ingleses los expulsaran de sus nuevos dominios, aún hoy día en varias ciudades se habla el francés como primera lengua. Este es el caso de Québec, capital del estado homónimo, donde el 95% de los habitantes son francófonos.
Pero a esta ciudad del este canadiense, que fue capital del país durante un lustro, antes de que lo fueran Kingston, Montreal y la actual Ottawa, no solo el idioma la diferencia del resto de las ciudades, sino también su cultura, sus costumbres y su riquísima historia, repleta de importantes acontecimientos que no solo marcaron el destino de un lugar, sino de toda una comunidad.
En 1985 la Unesco declaró a la “Vieux Québec” (la vieja Québec) como Patrimonio de la Humanidad. ¿Cómo no protegerla si esta ciudad posee un conjunto arquitectónico envidiable? Altas murallas, vestigio de la antigua fortaleza que dominaba los alrededores, que protegían imponentes edificios que aún hoy se conservan. Estas construcciones del siglo XVII y XIX ayudan a crear el ambiente de historia viva que se respira en el aire de sus antiguas y estrechas callejuelas.
El centro histórico se divide en dos y se diferencia por la altura: sobre los acantilados del Cap Diamant se yergue la “Haute Ville” (la Ciudad Alta), que se comunica por medio de 28 escaleras con la “Basse Ville” (la Ciudad Baja), asentada a los pies del acantilado y rodeada por el maravilloso río San Lorenzo. Para los que no desean subir y bajar escalones, aunque el paisaje es muy pintoresco para observarlo mientras se camina, también existe un funicular que comunica ambas partes.
En la Ciudad Alta espera con toda su opulencia el famoso Hotel Château Frontenac, quizás el principal símbolo de Québec. Un antiguo palacio de estilo medieval, que recuerda a los castillos de la región del Loira, en Francia, y que sorprende por su riqueza arquitectónica, pero no solo eso, porque este es un hotel a todo lujo que merece una visita. Tomar algo observando desde la altura el valle del río San Lorenzo es una experiencia increíble.
Frente a este imponente edificio se localizan las Terrazas de Dufferin, un paseo sobre el acantilado que nos lleva hasta los Llanos de Abraham, lugar que los amantes de la historia no pueden dejar de visitar. Allí tuvo lugar la famosa batalla en la que resultaron vencedores los ingleses, por lo que en 1759 los franceses debieron abandonar la Nueva Francia. Aquí también se localiza el Museo Nacional de Bellas Artes, y además de narrarnos los pormenores de este corto enfrentamiento armado, este sector parquizado se extiende hasta las murallas de la Citadelle, que resguarda algunos de los edificios más antiguos, como lo son las residencias de los gobernadores. En verano conviene darse una vuelta por aquí para poder presenciar el cambio de guardia de las Fuerzas Canadienses.
Cerca de la Puerta de Saint-Jean, una de las cuatro entradas a este sector fortificado, localizamos el Parque de la Artillería, rodeado de históricas construcciones, como la Capilla y el Museo de las Ursulinas. Pero si queremos conocer una inolvidable iglesia, deberíamos acercarnos a la Basílica de Notre-Dame, que encierra en su interior una gran cantidad de obras de arte. Aunque no ingresemos, merece ser conocida, ya que fue el primer templo de América en ser elevado a la categoría de basílica.
No muy lejos encontramos la pintoresca Côte de la Montagne, una de las calles que nos permitirá llegar a la Ciudad Baja, luego de elegir nuestros pies o la comodidad del funicular para descender hasta allí. Apenas tocamos el suelo, podemos ser testigos de la magnificencia de la Notre-Dame des Victoires, la iglesia más antigua de Canadá.
Es en esta zona donde Québec se suma a la movida nocturna de sus bares y cafés con terrazas, que son los lugares más visitados durante la temporada estival. El barrio Petit-Champlain, donde encontramos la calle comercial más antigua de América del Norte, nos invita a una magnifica caminata para conocer sus pequeñas tiendas, para disfrutar de los shows al aire libre y para sentirnos como en una ciudad europea, con sus aires románticos y su aroma floral que desprenden las macetas coloridas que cuelgan de los balcones. En el barrio Place-Royale sucede algo similar: mucho movimiento, mansiones bellísimas y cuatro siglos de historia que llevan a cuesta sus calles.
Además del Museo de la Civilización, podemos acercarnos hasta el puerto, con su renovada rambla y sus antiguos y restaurados galpones que constituyen un paseo excelente, donde el río San Lorenzo es el único protagonista. Desde aquí parten los cruceros para recorrer la zona por agua, lo que ofrece una nueva mirada de esta pintoresca ciudad llamada Québec, que en verano nos deleitará con su Festival al aire libre, y que en invierno no se acobarda, y con el magnífico Carnaval aprovechará toda la nieve, nos enseñará sus fascinantes esculturas de hielo, y nos dejará disfrutar como un habitante más del calor de su amable población.
Flor. Destinosturisticos.net
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junio 24th, 2010 at 10:32
[...] de habernos ido Destino Quebec, ahora vamos a recorrer nuevamente [...]