Goa, el paraiso Indio.

Posted on abril 8, 2010 | Category: Asia

La República de la India es para el mundo occidental un conjunto de elementos por demás atractivos. Un amplio territorio donde ritos milenarios, una antigua cultura y los misterios de un universo desconocido se ofrecen a los curiosos visitantes. Comidas picantes, monumentos majestuosos, templos consagrados a dioses cuyos nombres son difíciles de pronunciar, y una música que hipnotiza los oídos y el cuerpo hacen de la India un destino exótico y atrayente. ¿Cómo poder resistirse a sus encantos?

Pero este país asiático es mucho más que su mayor monumento, el Taj Mahal, en la ciudad de Agra, o que la idiosincrasia típica de la ciudad de Bombay, incluso más que las zonas modernas de su capital, Nueva Delhi; la India tiene un conjunto de atractivos para ofrecer a los turistas, y entre ellos se incluye uno muy peculiar, que incluso es la envidia del resto de la nación: Goa.

¿Quién no ha oído hablar alguna vez de la belleza paisajística de Goa?

Goa es el estado más pequeño de la India y se localiza al sudoeste, a unos 400 kilómetros de Bombay. Con sus 100 kilómetros de costa sobre el Mar Arábigo, esta región se ha convertido en uno de los focos turísticos más importantes de la República de la India. Un clima tropical, que asegura temperaturas templadas y húmedas durante gran parte del año; hermosas playas; y una interesante movida nocturna, hacen de este estado, que por su extensión podría asemejarse a una gran ciudad, un territorio que difiere del resto de las zonas típicamente indias. Pero ¿dónde reside su encanto peculiar? Claro, en su cultura, y esta cultura tan particular se cuela en el imaginario de los futuros visitantes al comenzar a organizar su viaje a estas preciosas tierras.

Es que Goa es diferente desde sus orígenes, cuando en el siglo XVI el navegante portugués Vasco da Gama llegó a la zona y se convirtió en el primer europeo en poner sus pies en estas tierras. No muchos  años más tardes, otro portugués llamado Alfonso de Alburquerque se hizo con la zona que pasó a formar parte de los dominios de Portugal y de la “ruta de las especias”, tan codiciada por otras grandes naciones. Una región prospera donde el catolicismo no tardó en colarse y reflejarse en las iglesias y ritos. Pero la paz no duró mucho, ya que Goa comenzó a ser asediada por musulmanes, holandeses e ingleses, hasta que la India recupera su independencia en 1947, aunque Goa tarda unos cuantos años más en volver a formar parte de esta nación. Por supuesto, no saldría indemne, y el paso de otras culturas dejaría huellas eternas en su arquitectura, religión, cultura y gastronomía. Esta mezcla de sabores, vocablos y, en especial, del sentir de sus habitantes se hace palpable al caminar por las calles limpias y prolijas, al encontrar antiguos letreros escritos en portugués, al maravillarse ante una iglesia barroca sumergida en el verdor de la vegetación que se apropió del edificio, así como los extranjeros lo habían hecho alguna vez con la zona.

Especial reflejo de esta historia local se puede observar en la Velha Goa (la vieja Goa), el primer asentamiento portugués, una ciudad fortificada y autosuficiente, cuyas iglesias y conventos fueron nombradas Patrimonio Cultural de la Humanidad por la Unesco, en 1986. Hoy no es posible dejar Goa y no haber visitado este museo al aire libre en el que se destacan la famosa Basílica del Bom Jesus; el Claustro de Santa Mónica, en la Colina Sagrada; y el Convento de San Franciso, construido por los monjes franciscanos para evangelizar las almas de los locales.

Cuando la Velha Goa quedó abandonada, el poder se trasladó a otra ciudad, y aunque Vasco da Gama es hoy en día la ciudad más poblada de la región, se eligió a Panaji para convertirse en la capital. Asentada en la desembocadura del río Mandovi, esta ciudad es el epicentro del distrito Norte. Aquí se encuentra la Iglesia de Nuestra Señora de la Inmaculada Concepción, que es una antigua construcción muy sobresaliente. Pero si se quiere viajar en el tiempo, se aconseja caminar por las estrechas callejuelas de los antiguos barrios portugueses: São Tomé y Fontainhas.

Los olores, los sabores, la música, el Carnaval que tiene lugar en febrero, al mismo tiempo que en Río de Janeiro en Brasil, antigua colonia portuguesa en América, hacen estallar la samba y el descontrol, y por momentos nos olvidamos que nos encontramos paseando por la India, y palabras de raíces latinas se cuelan entre los diferentes dialectos que hablan los habitantes de Panaji y los rezos en diferentes templos hinduistas que, por supuesto, no pueden dejar de maravillarnos.

Y aunque la historia y la arquitectura atrapen a los turistas, lo cierto es que la mayoría de los que desembarcan en estas tierras de ensueño desean conocer las famosas playas que hacen de Goa un centro turístico completo, junto con las reservas faunísticas, los imponentes y antiguos fuertes, y las bellezas naturales, como las preciosas Cascadas de Dudhsagar, que se encuentran tierra adentro.

Y hablar de playas en Goa es un tema aparte. Nada menos que 100 kilómetros de costa ofrecen una variedad, demasiado variada, para todos los gustos y presupuestos. Alquilando un auto o una motocicleta se puede recorrer de norte a sur la extensión costera, visitando pequeños poblados y desandando tranquilas rutas.

Si se buscan bajos precios, el pueblo de Arambol, nos otorga calmas playas donde disfrutar de anaranjados atardeceres, todo por módicos precios. Algunos kilómetros adelante, empiezan las playas de moda de Goa, aquellas que las películas de Bollywood no dejan de incluir en sus historias. Es que tanto Chapora como Vagator brindan noches de descontrol con sus afamadas raves, en las que los jóvenes continúan disfrutando de las playas hasta altas horas de la madrugada.

Los miércoles son los días en que Anjuna se llena de visitantes, entre los puestos que ofrecen todo tipo de suvenires y artesanías, regateando sus precios y paseando, se puede observar una cantidad de excéntricos personajes, que se mezclan con los hippies que hace mucho tiempo se apropiaron de esta zona. Pero la bohemia se extingue muy cerca de allí, cuando las exclusivas playas de Boga aparecen sobre el Mar Arábigo. Tragos en los bares playeros, variedad de deportes náuticos y la posibilidad de nadar junto a los delfines son las actividades elegidas en esta playa del norte.

Si nos alejamos hacia el sur, el movimiento cesa de a poco. Colva, la playa preferida de los indios, y Benaulim ofrecen tardes más tranquilas. Aunque para buscar un relax completo, el paraíso tiene nombre: Agonda, con sus amplias playas de arena y roca. Sin embargo, para disfrutar por completo de la paz, Palolem es una de las playas más tranquilas, donde los alojamientos se mimetizan con el ambiente y es fácil sentir que se está viviendo otro mundo, en especial cuando disfrutamos de alguna fruta bajo una palma, observando al sol mientras se esconde, una vez más, en el calmo mar azul. En ese preciso instante, en que el cielo nos regala sus más mágicos colores, entendemos por qué Goa es un paraíso elegido cada vez con mayor frecuencia por los turistas de todo el mundo.

Flor.    Destinosturisticos.net

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