Posted on abril 10, 2010 | Category: América
Si hay algo que tiene Brasil, además de un extenso territorio, es la inteligencia de sus habitantes para sacar el mayor provecho de los recursos naturales que posee el mayor país de Sudamérica. El inexplorado Amazonas, especies de fauna y flora que aún no han sido descubiertas, tierras completamente vírgenes, secretos milenarios grabados en sus rocas, llevados y traídos por el mar. Brasil posee todo tipo de paisajes en sus 8 millones de km², y un clima tropical que invita a disfrutar de cada hora del día. La exuberancia de sus frutas, la magnificencia de sus playas, el ritmo de sus sensuales bailes, y la fiesta del Carnaval más famoso del mundo. Brasil es un territorio completo, un atractivo en sí mismo, en donde una riquísima historia como colonia portuguesa se suma a las tradiciones de sus originarios habitantes. Cualquier punto que elijamos para conocer es una decisión sumamente acertada. Norte o sur, el centro, o sus islas, todo nos regala un sinfín de sensaciones.
Ilhabela, por ejemplo, es un punto turístico por excelencia. Alejada de la civilización, es la isla marítima más grande todo Brasil. Existe una sola forma de llegar a ella y es por medio de una barca que en 15 minutos nos deposita en sus mágicas tierras. Podemos llevar el auto con nosotros o ir a pie; de cualquier manera, luego podremos movilizarnos por la isla en autobuses, al menos por aquellos lugares que cuentan con pavimento.
Ilhabela se podría dividir en dos. Primero la zona oeste que es la que se enfrenta al continente, donde se encuentra la urbanización y las playas más concurridas. Después, si llegamos en busca de aventuras, deberemos trasladarnos al otro lado de la isla: la zona este, de frente al Océano Atlántico; mar abierto y playas tranquilas, un paraíso por conocer que ha sido protegido desde que se convirtió en Parque Natural, una inmensa reserva que preserva los más bellos paisajes. Paisajes tan vírgenes como cuando Américo Vespucio pasó por allí en 1502 y le dio el nombre del santoral del día: São Sebastião, nombre que hoy lleva el archipiélago del que forma parte junto a otras islas, entre ellas la famosa Buzios, una de las cuatro habitadas. Ilhabela, que significa precisamente “isla bella”, pertenece al estado de San Pablo, cuya capital se encuentra a unos 215 kilómetros.
Con sus 350 km² de superficie y sus más de 150 kilómetros de costa, esta isla de origen volcánico espera a ser descubierta una vez más por cada uno de los turistas que abandonan la balsa y buscan una posada para descansar. Hoteles de todos los tipos y categorías ofrecen sus comodidades a los visitantes, excelentes desayunos muy completos, y la cercanía a maravillosos atractivos, porque Ilhabela no solo posee numerosas playas, también un entorno natural único, surcado por decenas de cursos de aguas que forman altísimas cachoeiras, como los brasileños llaman a las cascadas que al caer dibujan enormes piletas naturales invitándonos al nado y a la aventura.
Su clima templado y húmedo nos regala varios meses secos, ya que las épocas de lluvias son bien definidas: de septiembre a diciembre. Estas temperaturas tropicales nos invitan a pasar los días bajo el sol, boca abajo sobre las finas arenas, pero también nos permiten internarnos en la isla, conocer la famosa Cascada del Gato, o también emprender caminatas. Ilhabela es el paraíso de los amantes del ecoturismo: arborismo, tirolesa, escalada, ciclismo, rappel. Los altos cerros, como el São Sebastião, el Papagaio o el Baepi nos retan a enfrentarnos a la aventura. Muchos de los recorridos conviene realizarlos con guías, y siempre respetar las señalizaciones, las recomendaciones, y no olvidar el repelente contra insectos; en Ilhabela los “borrachudos”, unos mosquitos muy particulares que suelen preferir los atardeceres para alimentarse, pueden hacernos la visita imposible.
Esta hermosa isla cuenta con un centrito muy pintoresco, al que se le da el nombre de “la Vila”. La calle principal, la “rua do Meio”, acapara la mayoría de los negocios, y por la noche es el lugar ideal para disfrutar de alguna copa de camarones en uno de los tantos bares de moda.
Es en esta zona, frente al continente, donde se localizan las playas más populares y la mayor infraestructura turística. La Playa Itaguassu, con sus amarres para veleros y sus bares y restaurantes, es una de las más concurridas. De noche no es la única que se ve repleta de gente porque junto con Playa Pereque concentran la movida nocturna del centro. En cambio, en Saco da Capela conviven las familias, los que llegan a practicar algún deporte náutico y también los que no se resisten a la pesca.
Si nos alejamos hacia el sur, las leyendas comienzan a surgir entre la frondosa vegetación; tesoros guardados por hadas hacen las delicias de los chicos que desean escuchar una y otra vez estas mágicas historias al arribar a la Playa Feiticeira. No muy lejos de allí, los jóvenes copan la Playa Do Curral, donde florecen los bares tanto como los cocoteros, y la música se adueña de las tardes. Este es uno de los últimos puntos a los que se puede acceder en auto, para el resto se deberá contratar una 4×4 o viajar en barco, los únicos medios de transporte que nos conducen al otro lado de la isla, la cara salvaje de Ilhabela.
Bonete es un antiguo pueblo de pescadores que parece detenido en el pasado; sus playas son las preferidas de los surfistas y de los amantes de la naturaleza. Además de disfrutar de la calidez del mar, muchos eligen visitar la Cascada de la Lage, con sus toboganes y piscinas naturales, a las que se accede desde la playa luego de una prolongada caminata. En Playa Saco do Sombrio otras historias surgen del mar de aguas transparentes, rodeada de preciosos cerros y abundante vegetación; es que se cuenta que este lugar fue refugio de corsarios y piratas.
Al norte también se puede disfrutar de playas mucho más tranquilas, donde la paz reina con la caída del sol. Casi desierta es la Playa Jabaquara, cercada por dos arroyos, uno en cada extremo; también la Playa da Fome o la Playa do Poco, más pedregosa y desértica. A todas se accede caminando o por barco. Los barcos son otro tema en Ilhabela, a la que se solía apodar “el triángulo de las Bermudas de Sudamérica”, por el campo magnético del que hablaban los marinos que pasaban por el lugar. La gran cantidad de naufragios en sus costas quizás confirmen la teoría. Lo cierto es que estas embarcaciones de todas las épocas hoy son el refugio ideal de los buceadores. Claro, el buceo no podía faltar, y sumado al surf y al snorquel, son los principales deportes náuticos practicados por los visitantes, aunque Ilhabela se caracteriza por ser el escenario del Campeonato de Velas, uno de los mayores atractivos que, desde la década de los setenta, tiene lugar en el mes de junio.
Pero más allá de conocer la cultura del lugar, probar los maravillosos platos típicos y tomar sol en cualquiera de sus bellas playas, no podemos dejar Ilhabela sin conocer la Bahía de los Catelhanos, puerto y punto ideal para el surf. Además de disfrutar del entorno natural, quizás tengamos la suerte de ver los delfines que encantan a los turistas con sus juegos y piruetas. ¿Quién les dice? Así tendríamos un viaje más que completo en este hermoso lugar perdido en las aguas del Brasil.
Flor. Destinosturisticos.net
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