Posted on abril 23, 2010 | Category: Europa
Roma, Venecia, Florencia, Verona, la región de la Toscana y tantos otros puntos de interés que son los principales destinos turísticos de los que llegan a conocer la famosa bota europea. Italia tiene un amplio territorio, una nutrida historia y encanto por doquier, pero si hay un lugar, un remoto lugar que parece perdido en el medio del mar y que guarda en su interior toda la belleza italiana, ese lugar se ha dado a llamar Isla de Capri y es uno de los centros turísticos más importantes del sur de Italia.
Enclavada en el Mar Tirreno, en el extremo sur del Golfo de Nápoles, muy cerquita de las costas de la Península Sorrentina, aparece la Isla de Capri con sus escasos 10 km² de superficie, su territorio montañoso y su maravilloso paisaje, uno de los más bellos de esta zona, por eso no suena ilógico que miles de turistas la visiten día a día, mucho menos si tenemos en cuenta que en la antigüedad era un lugar elegido por las personalidades más poderosas de Roma para descansar. El relax era completo al pasar algunos días en esta isla, alejados de los problemas del Imperio. Fue frecuentada por Julio César y también por Augusto; incluso el famoso emperador Tiberio se trasladó a Capri y ejerció su gobierno desde la isla.
A la caída del Imperio Romano, Capri queda abandonada. ¿Cómo alguien puede olvidar este paraíso sobre la Tierra? Bueno, en este caso sobre el mar. En los primeros años del siglo XIX cayó bajo el poderío francés primero, y luego quedó en manos de los ingleses que hicieron de la isla una base naval, ya que cuenta con una estratégica ubicación. Por esos años, Capri fue nuevamente valorizada y el turismo no tardó en llegar, como ya lo había hecho en la antigüedad. Por supuesto, ¿quién se podía resistir a los encantos de la Isla de Capri?
Seguramente no el jet set, figuras públicas y adineradas que frecuentaban este territorio para veranear. La Isla de Capri con el tiempo se haría muy conocida como la elegida por los ricos y famosos del mundo.
Sus costas escarpadas y rocosas guardan innumerables secretos, cavernas ocultas, caletas vírgenes y playas naturales que esperan a ser descubiertas por los visitantes. Quizá sea cierto que la Isla de Capri es una de las preferidas como destino de las excursiones de día entero que parten desde Nápoles, pero muchas personas no se pueden limitar a pasar de largo por este lugar, y prefieren hospedarse lejos del continente, donde los amaneceres prometen día soleados y clima templado, para que luego la tarde, a la caída del sol, nos devuelva la brisa del mar y nos haga soñar con nuevos amaneceres.
En ferri se llega a la Marina Grande, muy cerquita de la famosa Marina Piccola, un pequeño puerto muy pintoresco. Pero el puerto mayor también tiene mucho que ofrecer a los recién desembarcados, que deberán ascender en funicular hasta Capri, el principal centro poblacional de la isla. Las callejuelas allí nos hacen viajar en el tiempo para luego doblar en alguna esquina y encontrarnos con maravillosas tiendas de diseñador, negocios lujosos y restaurantes que ofrecen los platos más exquisitos. Gastronomía internacional o local, eso será a gusto del comensal.
El casco histórico de Capri está dado por la Piazzetta Central y su Torre del Reloj. Es muy interesante recorrer las peatonales Vía Emanuele y Vía Caramelle, donde los hoteles y las boutiques luchan por sobresalir y obtener la atención de los transeúntes.
Desde el Belvedere de Tragara podemos acceder a las postales más maravillosas que nos regala la isla; este es un interesante paseo, una especie de balcón extenso sobre el acantilado. Tomar un café en la Piazzetta Umberto I, frente a la bella iglesia, es una experiencia que cobra sentido antes del anochecer, contemplando los “faraglionis”, estas caprichosas figuras de roca que salen del agua y adornan el panorama.
Si bien la extensión de la Isla de Capri nos permite recorrerla fácilmente a pie, existen taxis, en especial los que parecen lanchas sin techo, que nos llevan hasta Anacapri, la otra comuna que se encuentra sobre la ladera del Monte Solaro, el macizo más alto de la isla, con sus 589 metros de altura. Se puede recorrer en aerosilla y disfrutar de los beneficios de la altura: una vista incomparable. Es aquí, en Anacapri, donde las noches de la isla se vuelven imperdibles.
Llegar hasta el Monte Tiberio es otro de esos paseos imperdibles; cerca de allí, la Villa Jovis da testimonio de la importancia de la isla en la antigüedad. Esta típica villa tiberiana fue escenario de numerosas excavaciones en busca del pasado; muchas de las piezas halladas se encuentran en exhibición en el Museo Arqueológico de Nápoles.
Pero ruinas y restos del pasado glorioso aparecen a cada paso al recorrer las colinas y las bellas arboledas de olivos con su aire mediterráneo. Hablando de oliva… uno de los ingredientes principales de la famosa “ensalada caprese”, ¿cómo dejar la isla sin probarla? Algo similar sucede con el “lemoncello”. No solo podemos degustar este exquisito licor, sino también conocer alguna de las fábricas familiares que lo preparan.
Una vez que se ha respirado el aire puro de la isla y se han visitado sus lugares más característicos, es hora de conocer Capri de otra manera: por agua. Una embarcación nos puede llevar a recorrer las costas en una excursión de aproximadamente tres horas de duración. Por vía marítima es la única posibilidad de llegar a ciertos rincones que no podríamos conocer de otra manera. Una hermosa aventura en busca de esos accidentes naturales que embellecen el territorio gracias a la acción del mar y del viento.
Y para el final, lo mejor, porque la Gruta Azul es el mayor atractivo de la Isla de Capri. Una caverna subterránea, con una entrada diminuta por la que se accede en pequeños botes hasta el interior. Todo allí es azul, como lo dice su nombre, resultado del efecto que causa la otra entrada, una cavidad mayor, pero submarina, que permite el ingreso de los rayos solares generando este fenómeno que sorprende los sentidos.
Si bien se la conocía en la antigüedad, fue recién en el siglo XIX cuando se comenzó a explotar turísticamente la Gruta Azul, ya que antes los pescadores locales hablaban de una energía mística, de espíritus que habitaban esta cueva, incluso del alma del famoso Tiberio, que aún seguía rondando la isla sin poder encontrar el descanso eterno. Mitos y leyendas que contribuyen a la magia y al misterio de la paradisíaca Isla de Capri.
Flor. Destinosturisticos.net
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