Posted on abril 17, 2010 | Category: Europa
Londres, el centro del mundo.
Capital de Inglaterra y del Reino Unido e Irlanda del Norte, situada a orillas del soñado Támesis, con ese paisaje urbano tan especial y propio. Esos que vemos habitualmente en las películas, mientras comemos copos de maíz y jugamos un poco a estar en otro sitio, viviendo otra aventura diferente a la cotidiana.
Pero, la vida te da sorpresas
Y así, fue como esta argentina llegó a Londres, sin saber decir ni “hola” en inglés, con una gran maleta y más valentía que el Mío Cid, frente al león.
Debo confesar que el lenguaje de señas, gestos y ademanes suelen ser muy útiles, pero siempre usted lleve un diccionario, un mapa y algunos números telefónicos importantes.
Ahora a pasar la aduana, en la hilera de turistas extranjeros: con turbantes, barbas largas, ojos achinados, de todos los colores y peinados y hablando idiomas diferentes; en ese momento recordé la historia de la Torre de Babel.
Y, sin demasiadas complicaciones, ya había entrado al centro del mundo.
Recordé el nombre del hostal económico que previamente había reservado y ahora a decidimos…
¿Cómo trasladarse en Londres?
Descarté las limousines (nunca había visto una) además les hacía señas y nada…, los taxis supuse que serían carísimos como en todas partes del mundo. Hasta que los divisé: eran los autobuses de dos pisos de color rojo que veía siempre en las películas. Me emocionó la idea pero no podía arriesgarme aún. Tenía que dejar los bolsos y partir a recorrer la ciudad.
Recordé que había leído información antes de salir, y tomado apuntes. Los saqué y me vino a la mente: el metro. Si bien el metro de Londres tiene 274 estaciones, subdivididas en 12 líneas (es un laberinto de líneas y hay que hacer tramos a pie). Pero con mi mapa y sabiendo la estación, no sería tan difícil. Y además, rápido y económico.
Luego de un par de horas logré llegar a destino. Si bien me equivoqué algunas veces, fue divertido y ya me siento experta en viajar por el metro londinense.
Ahora, nuevamente acudiendo a mis señales y al diccionario, logro entrar en lo que será mi casa por unos días.
De todos modos, ya con experiencia les recomiendo que al registrarse en el hostal, hotel o dónde se hospeden, tengan en cuenta: pedir folletos, direcciones y conocer las reglas del sitio, para disfrutar de lo que ofrece el lugar y evitar que los reprendan (¡y en inglés!) por no cumplir con algo.
Y ahora:… allí vamos de aventura. ¿Me siguen?
Ya especialista en líneas de líneas de metro, abordé el sub avión, con el mapa más revisado y seguro para pasear por bajo costo por esos lugares vistos e imaginados.
Así entendí un poco más de por qué Londres es una ciudad cosmopolita. Tratando de no perderme nuevamente, pero con mis sentidos fuertemente armados hacía todo a la vez: mirar los carteles de las próximas paradas, escribir un diario personal y observar a la gente que me rodeaba. Y la capacidad de asombro se multiplicó porque, como buen turista, hay que saber ver con todos los sentidos. Allí en el transporte que va bajo tierra, se puede ver lo real de Londres, la mezcla de ingleses que van camino a su trabajo y curiosamente no duermen ni leen el diario, leen novelas. Y creo que eso es lo más extraño. Más que los chicos con peinados punk que tratan de llamar la atención, a su manera.
Es que para conocer profundamente un sitio, no es necesario saber de lo que ofrecen a todo turista, hay que ser observador y curioso en todos los ámbitos. No es costoso en dinero y nos humaniza.
Llegamos al centro de atracción, o al menos al más deseado.
Ver el Támesis no es más glorioso que lo que se imagina uno por su historia y renombre. Pero, sentirse rodeado de la ciudad que fue objeto de imágenes de películas, con su historia aflorando desde sus palacios, su Big Ben, su puente luminoso; hasta lo más nuevo como ofrecimiento al turista: como el Ojo de Londres; todo merece ser valorado y luego elegido o no.
Porque para conocer a la reina de los mares, antigua tierra de corsarios y piratas; sólo hace falta afinar los sentidos y reverla cada vez que se pueda. Y en distintas estaciones del año, mejor aún.
Es que la reina no se deja seducir ni ser seducida en una sola y única visita.
Y no lo hace por soberbia, es que les está esperando… deseando a que la elijan.
Y ahora, vamos a caminarla:
A primera vista, querrán mirar todo, pero partamos por el primer camino: rondar por las orillas del Támesis:
v El ojo de Londres: situado justo en la orilla sur, lugar más próximo a la parada a la que llegué. Resulta muy atractivo, novedoso pero debo confesar que temo a las alturas, y estar a 135 metros me hizo dudar de mi valentía. Aunque dicen que desde allí se puede ver toda la ciudad. Y no es nada peligroso. Pero, por las dudas sigo caminando.
v El Tower Bridge: puente levadizo, extenso que atraviesa el Támesis. Desde allí el vértigo se multiplica y, entre la realidad y el sueño uno no sabe bien como está en ese puente que imaginó.
v Ya en la otra margen del río: esto que les cuento es una cuestión personal de vivir los sitios. Más si hay agua de por medio: imposible no bajar a tocar la orilla, admirar el Támesis desde su lecho y, si se atreven: probar un poco de sus aguas. Es como bautizarse a sí mismo del sitio que tocó. Aunque luego digan: no sabe a nada. Pero sólo obtendrán el sabor que les sepan dar. El de un nuevo destino, un sitio que aparecía en fotos y películas. Allí, a sus pies.
v El Palacio de Westminster, situado sobre la costa norte, por donde estamos caminando. Les llamará la atención por su construcción neogótica y no podrán evitar recordar los cuentos maravillosos. Con sus puentes levadizos, puertas cerradas y aguas alrededor, sólo faltan los cocodrilos que utilizaban para que nadie se atreviese a nadar para intentar entrar.
Y, mucho más: el Big Ben, el palacio de Buckingham, la abadía, Trafalgar: la plaza céntrica. Pero, tal como lo dije, en un día no se puede conocer todo. Por eso les recomiendo estos sitios:
v Hyde Park uno de los mayores parques del centro de Londres, Inglaterra. (Más que bello, y con adorables ardillas, naturaleza a purísima).
v Museos, muchos. Pero el de Ciencias Naturales les dará la más clara sensación de viajar al pasado. Y estremecerse.
Queda tanto por ver, y otros destinos más que puedo recomendar en este viaje por Londres.
Y, todo es posible. Aún no conociendo el idioma.
Todo es atreverse a salir, a volar a sentir con todos los sentidos. Porque el dinero no puede complacer el encanto de la vivencia.
Y aunque no cuenten con mucho caudal de dinero, no duden en conocer Londres. Sitio que es para no dejar de disfrutar, y más de una vez.
Claudia. Destinosturisticos.net
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