Paseo por el Alto Egipcio.

Posted on abril 28, 2010 | Category: África

La Estatua de la Libertad envuelta en la bandera con bastones blancos y rojos y multiplicidad de estrellas es un símbolo inequívoco de los Estados Unidos. Con las ruinas del majestuoso Coliseo se representa a Italia; es imposible separar la Torre Eiffel de la tierra donde se yergue orgullosa, por lo que Francia encuentra en ésta su representación a nivel mundial. Si hay otro símbolo que con solo tres trazos, que forman un triángulo, nos deja bien en claro de qué patria se trata, ese símbolo es la pirámide. Y sabe que la pirámide es el reconocido distintivo de Egipto.

Por supuesto que no se puede separar el monumental espectáculo de las pirámides de las arenas del Desierto del Sahara, que nos envuelven y nos hacen deslizar, como las arenas del tiempo, a tierras encantadas y atemporales donde el viento se levanta; ondean las túnicas de colores oscuros, y un camello frena su paso y gira su largo cuello como si estuviese entrenado para volverse un elemento más en la decoración en aquel paisaje ajeno.

Los turistas que llegan a la República Árabe de Egipto lo hacen para perderse en el tiempo, para recorrer las callejuelas del “Cairo antiguo”, para extraviarse, también, en el conocimiento occidental de aquel Faro y aquella Biblioteca mítica de Alejandría. Allí donde el delta del Río Nilo se asemeja a una mano que intenta alcanzar una y otra vez el Mar Mediterráneo, se concentra la industria turística de este país africano. Pirámides, leyendas faraónicas, momias que han sobrepasado la barrera de los siglos, catacumbas con incalculables tesoros, mezquitas e iglesias, reflejo de un pasado que aún es palpable. Pero claro, Egipto es mucho más que esto, Egipto es la Península de Sinaí y también el Mar Rojo, con sus apacibles aguas, su exótica fauna marina y el paisaje ideal para consagrarse como uno de los paraísos del submarinismo en el mundo.

Pero hay otra zona en este país que merece una visita, una estadía prolongada y toda la atención de los visitantes. Aunque muchos lleguen hasta allí en excursiones veloces e itinerantes, en paseos lacustres o en lujosos cruceros que permiten observar las costas desde el agua, el territorio que se ha dado a llamar Alto Egipto encierra una cantidad de tesoros que el imparable Tiempo conservó para nosotros, tesoros que ni la mano del hombre ni las aguas rebeldes pudieron ahogar.

Claro que las aguas rebeldes eran las del Río Nilo, que con sus 6700 kilómetros de largo y luego de atravesar seis naciones corta el desierto y se convierte en el segundo río más largo del mundo, luego del americano Amazonas. El Río Nilo estuvo siempre relacionado a esta maravillosa y antigua civilización que nació y creció al borde de sus aguas. La mayor parte de la población actual de Egipto se asienta en sus orillas, donde las fértiles tierras permiten ser cultivadas.

Mientras que a la zona de la desembocadura del Río Nilo se la conoce como Bajo Egipto, al Sur se lo llama Alto Egipto, una diferenciación que viene de tiempos anteriores a las épocas en que las famosas dinastías egipcias comenzaron a ejercer su poderío sobre estas tierras.

Para llegar hasta el Alto Egipto hay que dejar atrás la magnífica capital nacional de el Cairo y viajar unos 730 kilómetros, siempre bordeando las cauces del Nilo, hasta la ciudad de Lúxor, que se encuentra construida sobre los restos de la antigua ciudad de Tebas, un importante centro de peregrinación en la antigüedad que fuera capital del Imperio Nuevo del Antiguo Egipto. Aquí, además de visitar el renombrado Museo de Lúxor, donde se hace un repaso por la historia militar y en donde se exhiben importantes obras de arte, también se puede dar una vuelta por el Museo de la Momificación, para aprender las técnicas funerarias que eran empleadas por la misteriosa civilización egipcia.

Ejemplos del pasado se encuentran en todas partes, pero fundamentalmente en el imponente templo dedicado al dios Amon-Ra. Desde su entrada partía un camino custodiado por esfinges; algunos de sus restos aún permanecen con la vista fija sobre el camino. Esta avenida unía el Templo de Lúxor con el conjunto monumental de Karnak, uno de los puntos turísticos más importantes del país. Nombrado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco, es un enorme museo a la intemperie, un centro religioso de destacable envergadura hasta donde los turistas llegan a maravillarse.

Antes de partir, un paseo por el Valle de los Reyes, una auténtica necrópolis donde descansan los restos de numerosos faraones. Para no ser menos, el Valle de las Reinas, bastante menor, guarda las tumbas de las reinas y princesas egipcias. No todas las tumbas se pueden visitar, pero vale la pena conocer este espacio; el silencio y el respeto sobrevuela la “Ciudad de los Muertos”.

Al ser una de las industrias más importantes de Egipto, el turismo es muy cuidado por todos aquellos que trabajan para brindar al visitante una inolvidable estadía. Buena hotelería, gran gastronomía y habitantes amables que se esfuerzan por atendernos nos hacen dar muchas ganas de volver. Los egipcios han aprovechado al máximo sus reconocidos atractivos, por eso no solo los explotan de día, en la mayoría de los templos se ofrecen espectáculos de luz y sonido que resultan imperdibles. Eso sí, de noche la temperatura baja muchísimo, recordemos que se trata de un clima desértico, y mientras de día hay que cuidarse del sol y del calor, de noche, debemos abrigarnos al salir.

La ciudad de Esna, al igual que Edfu, ambas sobre la margen oeste del Río Nilo, resguardan importantes símbolos del pasado. La primera se localiza a unos 55 kilómetros de Lúxor y en ella es posible visitar el Templo en donde se rendía culto a una triada: Anuket, Jnum y Seshat, aunque solo la sala hipóstila, con sus fabulosas columnas, es lo que ha logrado sobrevivir de esta construcción. El mercadito de Esna invita a una visita, donde se puede regatear hasta obtener buenos precios en todo tipo de productos. Cerca de este punto, la ciudad de Edfu nos invita a admirar uno de los templos mejor conservados de todo Egipto: el Templo de Horus. Imposible no rendirse a sus pies con tal majestuosidad.

Se puede seguir de largo, hipnotizados por las aguas del Nilo, pero un nuevo templo nos llama la atención y nos distrae de nuestro recorrido en Kom Ombo, una villa de carácter agrícola ubicada sobre la margen oriental; el templo donde se venera tanto al bien como al mal nos insta a recorrerlo.

En 1970 se termina la construcción de la represa de Asuán. Resultado de años y años de planificación, esta maravilla de la ingeniería sirvió para tener un mayor control de los niveles de las aguas del río. La presa hoy también es visitada como atractivo turístico y el famoso Lago Nasser es destino de aquellos que desean recorrer las costas en cruceros o practicar deportes náuticos en sus profundas aguas.

Asuán es la ciudad de mayor importancia del Alto Egipto, no solo por su posición estratégica en el territorio, sino también por el pasado histórico que se respira en sus calles y en sus maravillosos monumentos y templos. Aquí podemos visitar la Isla Elefantina o la Isla de File, además del simbólico Obelisco inacabado, construido con la roca granítica extraída de las canteras que hicieron famosa a la zona.

Cuando se supo de la construcción de la presa de Asuán, Egipto pidió ayuda internacional para trasladar algunos de los templos que de no ser movidos de su original emplazamiento hubiesen quedado sumergidos bajo las aguas del Lago Nasser. ¿Cómo perder semejante testimonio del pasado? El conjunto de Abu-Simbel fue trasladado en bloques y depositado en una zona a salvo de las inundaciones. Millones de dólares han sido invertidos para que los turistas que llegan hasta aquí puedan ser testigos de un espectáculo arquitectónico único.

Mandados a construir por el faraón Ramses II, estos templos fueron esculpidos en roca y aún hoy se encuentran en un impresionante estado de conservación. Mientras que el mayor había sido dedicado a culto del sol, el más pequeño fue construido especialmente para su esposa predilecta: Nefertari. Las enormes estatuas que dan la bienvenida desde la fachada de ambas construcciones son capaces de dejarnos con la boca abierta.

En Egipto puede ser encontrada una maravilla tras otra, siempre siguiendo el cauce Río Nilo, viajando a través del tiempo por sus aguas, por su cultura y sus tradiciones, sumergiéndonos en el pasado más remoto y más misterioso: el de los faraones egipcios.

Flor.    Destinosturisticos.net

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