La Gran Muralla Eterna.

Posted on mayo 8, 2010 | Category: Asia

Existen pocas construcciones en el mundo que hayan superado el paso del tiempo. La barrera temporal se extiende invisible, y lograr atravesarla es una tarea complicada en un mundo en constante crecimiento y expansión, donde la erosión, la mano del hombre y la contaminación hacen su parte. Sin embargo, algunas obras, producto de la imaginación y del esfuerzo humano, han logrado permanecer indemnes para que las próximas generaciones pudieran contemplarlas. Este es precisamente el caso de la Gran Muralla China, una extensa construcción milenaria que es el orgullo de esta nación asiática.

Mítica, opulenta, inmensa y serpenteante, la Gran Muralla atraviesa ríos, lagos y montañas, y deja con la boca abierta a todo aquel que la contemple. Impone respeto no solo por su altura y magnificencia, sino por su antigüedad, que le da el privilegio de ser tratada como un documento vivo de la historia y del origen de una civilización, de una cultura y de un país. No hay duda de que la Gran Muralla China sorprende, por algo ha sido nombrada hace muy pocos años como una de las Nuevas Siete Maravillas del Mundo.

Ya desde el siglo V a.c., en varias regiones del territorio, se habían comenzado a levantar murallas con el fin de protegerse de invasiones indeseadas. Aunque en el pasado se creyó que había sido Qin Shihuang quien había dispuesto la construcción que daría inicio a esta monumental obra, en realidad el primer emperador de China sólo dio la orden de unir estas diferentes construcciones y formar así un gran paredón defensivo, para evitar el avance de pueblos nómades. Se podría decir que el empalme de estos muros es un gran símbolo de la unión de las diferentes etnias chinas bajo un mismo Imperio, por este famoso emperador, también conocido como el jefe de un gran ejercito inanimado, que protege su cuerpo y es además un importante atractivo turístico del país: los Soldados de Terracota, 8000 esculturas, con carros y caballos incluidos, que velan su descanso eterno, uno de los más importantes hallazgos arqueológicos de todos los tiempos.

Se dice que aproximadamente fueron 7000 kilómetros de longitud los que alcanzó la Gran Muralla con el paso de los siglos, bajo el dominio de diferentes dinastías que ejercieron su poder en China. Desde el Río Yal, muy cerca de la frontera con Corea del Norte, en el este, hasta el Desierto de Gobi, en el oeste, esta fortificación tenía la intención de detener posibles invasores, aunque se sabe que a la hora de frenar el avance Mongol no dio resultado. De todas maneras, la Gran Muralla, con su camino asfaltado, permitía el traslado de los comerciantes que llevaban sus productos hasta el Golfo Pérsico, para vender en los mercados internacionales, y por este medio podían avanzar protegidos por los vigías que se hacían cargo del control de la frontera en los diferentes puntos estratégicos destinados a esta función.

La muralla está construida con diversos materiales, según las posibilidades y recursos de cada zona: piedra caliza, granito, madera, arcilla y arena, siempre cubierta por ladrillo para servir mejor a las funciones defensivas. Se buscaba que los materiales fueran lo menos proclives a ser víctimas de la erosión, y que también dificultaran el posible ascenso hasta la parte superior, si algún enemigo intentaba escalar los muros. En algunos tramos muy alejados, construidos básicamente con arcilla, el trabajo de la erosión logró derribar la construcción, dejando solo algunos restos. En otras partes, este muro sirvió como fuente de materiales para la construcción de viviendas y de carreteras. Durante años la Gran Muralla China fue víctima del vandalismo, y no es extraño encontrar grafitis en algunos sectores.

La parte mejor conservada, que además fue reconstruida, se encuentra en el Paso Badaling, a solo 80 kilómetros de la ciudad de Pekín (también conocida como Beijing). La mayoría de los turistas que desean conocer China, arriban a la capital del país, centro cultural y económico de la república. Llena de atractivos singulares, como el Palacio de Verano o la mítica Ciudad Oculta, permite que los visitantes se acerquen a la historia de la nación y se pongan en contacto con antiguos ritos y costumbres del pueblo chino. Pero es la excursión a la Muralla lo que hará que realmente los extranjeros logren un acercamiento a la historia.

Partiendo desde Pekín se puede llegar a Badaling tanto en autobús como en automóvil, o también a través del ferrocarril. Es este lugar, nombrado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1987, el más fotografiado y el más turístico de todos los tramos de esta inmensa construcción. Edificada y ampliada por la dinastía Ming, esta zona de la Muralla fue la más protegida por ser precisamente la más cercana a Pekín.

En Badaling se puede transitar por la zona oeste o por la este, donde se encuentran las mayores alturas. Una de las tantas torres vigías, ubicada a unos 1000 metros de altura, permite magníficas vistas de la zona, y de esta serpiente que parece adaptarse cómodamente al terreno por donde avanza.

Además de ser el sector más visitado, siempre lleno de turistas que caminan por la monumental construcción, que se frenan a sacar fotos o a observar el panorama, es también el más artificial. Por esto mismo es que muchos visitantes prefieren dirigirse a otros lugares para olvidarse del gentío y tener la posibilidad de disfrutar del silencio y de la soledad en medio de los montes, rodeados de verdísimos bosques que acompañan a la Muralla en diferentes sectores del recorrido. Sí, los más aventureros prefieren viajar por carretera unas cuatro horas y llegar hasta Jinshanling, donde la Muralla se encuentra en estado puro; allí no ha habido reconstrucción, por lo que se puede apreciar una verdadera reliquia milenaria.

Hasta la cima se puede ascender en teleférico o caminando un tramo que es posible que nos deje agotados antes de alcanzar el muro. Muchos aventureros, en gran estado físico, deciden unir el camino que va desde Jinshanling hasta Simatai, otro de los puntos de interés, donde tampoco se han realizado trabajos de restauración. Los que no se animan a una caminata de 10 kilómetros, pueden descender de la Muralla nuevamente en teleférico o disfrutar la bajada de una manera diferente: un largo tobogán que otorga la posibilidad de conocer otra cara de esta aventura.

Para los que prefieren obtener las mejores vistas, la caminata hasta Simatai es un trayecto único y se transita por el mismo lugar por donde avanzaron los soldados desde tiempos inmemorables. Algunos tramos se hacen un poco peligrosos, así que hay que ir con mucho cuidado. El calor agobia, pero las vistas son maravillosas. Los que llegan hasta Simatai es posible que lo hagan agotados, así que una buena forma de descender es por tirolesa, cruzando un lago a gran altura. Mete miedo, pero es una interesante manera de llegar hasta la base.

No importa la forma en que se encare nuestro viaje, China espera a los visitantes con los brazos abiertos, para sumergirse en una rica cultura, en sus fascinantes ritos y para caminar por sobre la historia misma, una historia que late bajo los muros almenados de esta reliquia arquitectónica: la famosa Gran Muralla China.

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