Posted on mayo 22, 2010 | Category: América
Como una lengua larguísima y delgada, Chile parece siempre al pie del barranco, empujado por la deslumbrante Cordillera de los Andes, a punto de sumergirse en el Océano Pacífico. Sin embargo, aunque dé la sensación de que está a punto de caerse del mapa, este país sudamericano posee un amplio territorio en el que se suceden todos los paisajes y todos los climas: las maravillas del sur en sus escarpadas costas australes, el verdor de los valles centrales y el caluroso desierto de Atacama, riquísima zona donde el frío nocturno cala los huesos. Además, en pleno mar, más lejos que cerca de sus costas, la Isla de Pascua atesora un pasado remoto, una cultura lejana, una lengua en peligro de extinción.
Con la capital del país a la cabeza, Santiago de Chile, esta nación sale al mundo a ofrecer su patrimonio cultural y natural. Además de la gran ciudad, Valparaíso, Viña del Mar, Concepción y Puerto Montt se perfilan como algunos de los destinos turísticos predilectos, pero en los últimos años la zona norte también ha visto un florecimiento en este ámbito, en especial aquella porción que va perdiendo la aridez y deja paso al avance de los valles, como por ejemplo el Valle del Elqui, situado en la IV Región. Zona agrícola y minera por excelencia, con sus cielos diáfanos, abre las puertas al turismo nacional e internacional.
Es precisamente en la provincia de Elqui donde se ubica Coquimbo. Por su posición estratégica y sus 56 kilómetros de amplias y bellas playas, esta ciudad-puerto se ha convertido en un interesante centro turístico con el correr de los años.
Solo 460 kilómetros la separan de Santiago, y a los habitantes de la capital nacional no les importa recorrerlos para pasar unos días bajo el sol en sus playas, disfrutando del clima estepario que marca a la región, donde los cielos se aprecian despejados y, aunque la humedad ataca, la escasez de lluvia está asegurada: las minivacaciones en Coquimbo no se pasarán por agua.
Los expertos no se ponen de acuerdo en el origen del nombre. Algunos creen que el topónimo deriva de la palabra quichua ‘coquimpu’, que significa “lugar de aguas tranquilas”, como llamaron las tribus originarias a esta zona. Es que Coquimbo se sitúa en una península, y la bahía protege la costa del oleaje del mar abierto. Por eso muchos españoles, que llegaron en la época de la conquista, al pasar por la zona se refirieron a las bondades geográficas para instalar allí un puerto. Pero claro, un puerto requería una población estable y por aquellos años aún no existía. Recién luego de la independencia de Chile, en 1810, se establece un puerto mayor y comienza el asentamiento. El ferrocarril que unió este puerto con los diferentes yacimientos de minerales ubicados en los alrededores convirtió a la pequeña aldea pesquera en una ciudad en constante crecimiento.
En los últimos años, la ciudad trabajó incansablemente para atraer al turismo y recuperar zonas dedicadas a la industria sin chimeneas, que ha crecido muchísimo desde ese momento. Por eso es que ahora, la Avenida Costanera que parte desde el puerto es uno de los núcleos principales dedicados a esta actividad. En sus 5 kilómetros de extensión se han instalado comercios, restaurantes y hotelería, y se ha logrado revitalizar la costa, como por ejemplo la Playa Changa y la zona de Peñuelas, donde además fue abierto un complejo de casino y hotel.
Esta importante arteria comunica Coquimbo con La Serena, ubicada a unos doce kilómetros al norte, donde la Avenida Costanera se transforma en la Avenida del Mar. ¿Quién no visitaría la vecina ciudad estando tan cerca? La Serena es una ciudad colonial que invita a conocer su museo arqueológico y su mercado de la La Recova, y quizás también a probar las especialidades de mar que preparan los restaurantes cercanos a la Plaza de Armas, desde donde se obtiene una vista privilegiada de la costa.
De vuelta en Coquimbo se llega hasta la Caleta, donde se puede adquirir pescado fresco recién extraído del mar. Muy cerca de allí, el Barrio Inglés es un paseo prometedor. Su nombre hace referencia al idioma que se hablaba en otra época, cuando la mayor parte del comercio de minerales en la zona estaba manejado por Gran Bretaña, y muchos extranjeros llegaron a las costas para asentarse en el país. Los ingleses, los estadounidenses y los alemanes le imprimieron a este barrio su propio sabor, sus costumbres y un trazado que difirió notablemente del típico trazado de indias importado por los españoles a todos sus dominios en América.
Los extranjeros unieron la tierra con el mar, y en la actualidad el Municipio, al nombrar esta parte de la ciudad como Zona de Conservación Histórica, unió el pasado con el presente. Se hizo una completa restauración de los edificios, se pintó las fachadas, respetando los colores antiguos, y la remodelación de sus calles adoquinadas enseguida atrajo al turismo. Hoy en día el Barrio Inglés es la zona nocturna preferida, con actividades culturales, muestras de arte y variedad de restaurantes, pubs y discos.
Cuando se refaccionó la antigua Plaza de Armas, hoy llamada Gabriela Mistral, en honor a la famosa poetisa chilena, se encontraron milenarias tumbas, pertenecientes a la cultura de Las Ánimas, por lo que se levantó un museo de sitio. Aquí en el Domo Cultural “Las Ánimas”, también se organizan exposiciones de arte.
Muy cerca de allí, el Fuerte de Coquimbo sigue en pie, aunque ya no tiene la tarea de proteger al puerto de posibles invasiones, en especial del saqueo de los piratas que recorrieron la zona entre los siglos XVI y XVII. La leyenda cuenta que el famoso corsario inglés Francis Drake habría enterrado un importante tesoro en la zona, por lo que es común escuchar numerosas referencias al pasado “pirata” de Coquimbo.
Estemos donde estemos, incluso en las cercanías de la ciudad, es muy probable que en seguida localicemos el centro, con solo observar a la lejanía, porque no hay manera de no vislumbrar la famosa Cruz del Tercer Milenio, el monumento religioso más alto de Sudamérica. Orgullo de los coquimbanos, esta enorme cruz se construyó para el jubileo cristiano del año 2000. Mide 93 metros de altura, pero al erigirse sobre el Cerro El Vigía, se encuentra a 197 metros sobre el nivel del mar. En su base se localiza una capilla, pero lo más interesante es ascender hasta sus brazos, por medio de ascensor o escalera, y obtener una magnífica vista panorámica de la ciudad. Además de un museo con elementos sacros, el complejo incluye una muestra fotográfica de las distintas etapas de construcción de la Cruz.
En Coquimbo se pueden realizar muchas actividades recreativas, las mayoría de ellas se relacionan con el mar. Es que con las extensas playas que posee la ciudad es imposible resistirse a sus encantos. Pasar una tarde al sol, caminar, practicar algún deporte náutico o salir a pescar, son buenas ideas para disfrutar del día.
Una de las más populares es la de La Herradura, llamada así porque se localiza en una bahía, donde las aguas tranquilas invitan a lugareños y a turistas a disfrutar del día en el mar. Las arenas blancas de Totoralillo nos hacen trasladarnos unos 17 kilómetros al sur, donde el buceo es la actividad predilecta en esta playa de aguas transparentes y costas rocosas.
Unos cuantos kilómetros más adelante, la localidad de Guanaqueros se ha erigido en uno de los centros turísticos más importantes de la zona, seguido por el hermoso microclima que ofrece el balneario Tongoy, ubicado en una pequeña península que se sumerge en el mar y se convierte en una bella opción para alejarse de la muchedumbre.
Aguas tranquilas, clima templado y muchos sitios para recorrer en este paraíso turístico de la IV región de Chile. No hay duda de que Coquimbo siempre está lista para recibir tanto a turistas como a los legendarios piratas…
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