Isla de Boracay, el paraíso filipino.

Posted on julio 9, 2010 | Category: Asia

Las Filipinas son unos de esos lugares que se consideran exóticos. Bueno, al menos exótico para el turista occidental, que encuentra en las diferentes culturas asiáticas una paleta de colores única, sabores incomparables, culturas extrañas e historias ajenas por las que son imposibles no sentirse un poco atraído.

Lo interesante de la República de Filipinas es que, si bien se localiza al sudeste del continente asiático, no se parece demasiado a otras naciones de Asia. Ni en cultura, ni en religión, ni en costumbres. Claro, tampoco en paisajes. Filipinas es un país único e irrepetible, que se acomoda sobre unas 7000 islas en pleno Océano Pacífico.

Además de la idiosincrasia de los pueblos originarios de este amplio territorio insular que han dejado vestigios en el idioma y en algunas costumbres, las continuas invasiones de otros pueblos cercanos han enriquecido la actual cultura filipina. Pero más allá de eso, la influencia española desde su llegada al archipiélago de la mano del portugués Fernando de Magallanes, que respondía a la Corona Española, la imposición de una religión diferente y de un idioma nuevo, sentaron las bases de esta nueva sociedad, que se formó por la unión de los habitantes de las diferentes islas bajo el nuevo dominio.

Hoy Manila sigue siendo la capital de Filipinas, una ciudad fundada en 1571 por el español Miguel López de Legazpi, que fue un punto central en esta colonia española, una de las tantas que poseía este imperio europeo por aquellas épocas. Por eso para el turista recién llegado al archipiélago, y antes de que parta a conocer algunas de las bellezas naturales que posee el territorio, es recomendable darse una vuelta por Manila, que es, después de todo, el lugar ideal para hacer base en este país.

Tanto esta ciudad como Cebu, la segunda población en importancia, son ciudades cosmopolitas y de las más grandes de Asia. Manila es un importante centro financiero y comercial, donde el turismo consigue todo lo que necesita. La vida nocturna es indescriptible, debe ser vivida para entender el sentimiento, al igual que el ambiente que se respira en sus calles. Es llamativa la marcada diferencia entre la riqueza y la pobreza que existe en especial en la capital, y muchas veces sorprende al visitante mostrándole una cara inesperada.

Parques, comercios y museos se localizan a cada paso, y la proliferación de iglesias nos recuerda que es la Católica la religión principal de los filipinos. Así como encontramos muchos templos católicos en el exterior, en el corazón de Intramuros es posible conocer la iglesia más antigua de Filipinas, la de San Agustín, Patrimonio de la Humanidad, nombrada por la Unesco.

Intramuros es paseo obligado de cualquiera que llegue a Manila. Se trata de la antigua ciudad amurallada de origen español, donde fue fundada la ciudad, y que debió ser rodeada por un muro para protegerla de posibles invasiones chinas y japonesas; de aquí el origen de su nombre. En el interior de Intramuros se resguardan muchos edificios de la época del dominio español.

A fines de siglo XIX, España se vio obligada a ceder su colonia a los Estados Unidos, y fue recién en 1934 cuando Filipinas finalmente se convierte en una nación independiente. En la época de la Segunda Guerra Mundial, Inframuros sufrió ataques directos, por lo que muchos edificios se convirtieron en ruinas. Algunos fueron restaurados y otros ya son historia, como el Fuerte de Santiago. La actual Catedral se localiza en el mismo lugar donde existieron cinco edificios que desde la época colonial cumplieron su misma tarea. Incendios, terremotos y bombardeos fueron los causantes de su destrucción. De todas maneras, y aunque no se puedan ver en su totalidad, muchas construcciones aún dan una muestra acabada del tipo de arquitectura española que dominó por aquellos años.

Manila ofrece muchos atractivos, así como varias de las ciudades que componen el archipiélago filipino, pero lo cierto es que la mayor cantidad de turistas que llegan a este país lo hacen para disfrutar de sus paisajes exóticos, y en general ninguno se priva de visitar la que es considerada una de las mejores islas del mundo: la Isla de Borácay.

A 315 kilómetros de Manila se ubica esta majestuosa isla de apenas 10,32 km², pero que encierra y se rodea de un maravilloso panorama que enloquece a los visitantes. Se puede llegar con avioneta hasta el aeropuerto de Caticlán, que queda en la vecina Isla de Panay, otra de las islas que forman parte de la Región Occidental del archipiélago de las Islas Bisayas.

El extremo de Panay se encuentra dividido del destino esperado por un estrecho de solo dos kilómetros, que se cruza en ferry hasta el muelle de Cagban, hasta donde suelen llegar siempre los turistas aunque, según el clima y en determinadas épocas, se habilita un muelle alternativo en la Playa Tambisaan, en el otro extremo de la isla.

Luego, algún triciclo motorizado nos conduce a través de la Main Road, la avenida principal y asfaltada que recorre los 7 kilómetros de longitud que tiene el territorio. Hoteles de todos los precios, restaurantes para todos los gustos; la Isla de Borácay vive del turismo, respira turismo y promueve el turismo, pero siempre manteniendo el equilibrio con la naturaleza, para preservar esta joya en medio del mar, que es el hogar de unos veinte mil habitantes que en su mayoría se dedican a los servicios.

¿Qué hacer en Borácay? Disfrutar de la tranquilidad, admirar los paisajes, descansar, nadar, probar todo tipo de pescados. El ocio es el rey del lugar y todo está preparado para que el turista se olvide del mundo y se dedique a vivir el paraíso.

Si bien existen varias playas, hay una que es la reina indiscutible de la isla: la White Beach es un destino internacional; 4 kilómetros de extensas playas blancas, de arena tibia, aguas transparentes y sol a pleno.

La playa está dividida del resto de la isla, en el centro, por el Beachfront Path, un camino de arena, tranquilo, donde se asientan todo tipo de hoteles y restaurantes, y donde la movida nocturna se encarga de entretener tanto a filipinos como a los extranjeros hasta bien entrada la madrugada.

Gastronomía internacional se encuentra a cada paso, pero comer algún pescado elegido por nosotros mismos, ya de por sí, tiene otro gusto. Para eso el Mercado de D’Talipapa es lugar indicado para respirar la cultura filipina.

Si somos amantes de los deportes náuticos, la Playa Bulabog, otra de las más famosas, es la recomendada para nosotros. Rodeada de arrecifes, y por su ubicación, en el punto opuesto de la White Beach, en la costa este, recibe el viento del que la otra está exenta. Windsurf, kitesurf y jet sky son las actividades preferidas de los que la eligen.

Los precios en la Isla de Borácay son bastante variados, tanto a la hora de alojarse como de comer. La mayoría de los hoteles poseen precios según la temporada: la época seca es, por supuesto, la más cara.

Si nos aburrimos de tomar sol y nadar en el calmo mar, disfrutando del clima tropical que nos regala Filipinas, o de someternos a alguna sesión de masajes relajantes que ofrecen los masajistas ambulantes, siempre tenemos la posibilidad de alquilar alguna pequeña embarcación, como la típica paraw, y dar una vuelta a la isla, para apreciarla desde las aguas.

También se pueden contratar excursiones que nos llevan hasta Puka Beach, donde se practica buceo, o hasta la Isla Crocodile, llamada así porque su forma recuerda a este reptil, en donde el snorquel es la actividad principal. Es imposible resistirse a la fauna marina que nos dará la bienvenida en los arrecifes de coral.

Sin duda la Isla de Borácay es el mejor destino turístico de la República de Filipinas, un lugar paradisiaco que se merece la gran cantidad de elogios que aquellos turistas que pasaron por aquí no dejan nunca de dedicarle.

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